reconocer los fonemas como gestos tentativos errantes precisos volcánicos de la carne, agujerear todo cuerpo de sentido para ver crecer ríos abiertos, escuchar augurios subcutáneos, devolvernos a la opacidad como a la oscuridad del subsuelo, decir como escuchar como decir como sensar como decir como respirar
y si conjuráramos juntes una lengua entre las rocas, una intuición que reconozca el nombre del musgo frente al fuego, un cuerpo de sonido que nos dé vuelta la piel, y si nos abocáramos y si nos abocáramos
en la lengua de fuego que se abrió se enredan distintas prácticas que parten de un deseo inevitable de acercarse a y reconocerse en la materialidad de la lengua para dislocar la sintaxis del yo y fabular otras formas de relación viva con lo humano y lo más que humano.
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