la lengua de fuego que se abrió

júlia sentís

reconocer los fonemas como gestos tentativos errantes precisos volcánicos de la carne, agujerear todo cuerpo de sentido para ver crecer ríos abiertos, escuchar augurios subcutáneos, devolvernos a la opacidad como a la oscuridad del subsuelo, decir como escuchar como decir como sensar como decir como respirar 

y si conjuráramos juntes una lengua entre las rocas, una intuición que reconozca el nombre del musgo frente al fuego, un cuerpo de sonido que nos dé vuelta la piel, y si nos abocáramos y si nos abocáramos

en la lengua de fuego que se abrió se enredan distintas prácticas que parten de un deseo inevitable de acercarse a y reconocerse en la materialidad de la lengua para dislocar la sintaxis del yo y fabular otras formas de relación viva con lo humano y lo más que humano.