El archivo fotográfico de mi familia materna es el punto de partida de mi proyecto. Comienzo a pensar en cómo relacionarme con este archivo. Hablar con las personas que mejor conocen el material parece ser la mejor opción para encontrar las respuestas (o quizás nuevas preguntas). Decido reunir a las portadoras de esa memoria familiar, mi madre y mi tía, para conversar sobre ese archivo, sobre esa memoria, sobre nosotras. Establecemos un nuevo ritual, cada miércoles a la tarde nos reunimos en casa de mi tía para charlar, abrir las cajas de fotos, comentarlas, merendar torrijas…
El oficio familiar, la costura, ha adquirido simbólicamente un peso específico en ese mundo de afectos que rodea mi memoria familiar materna. Ha sido un oficio familiar, deseado pero inalcanzable ya que no se me ha transmitido en la práctica aunque sí en el relato. La práctica de la costura pasa a ser un deseo en este proceso de recuperar y de reconectar con esa memoria familiar. En casa de mi tía abuela Rosita se aprendía a coser, en esa casa, con un largo, larguísimo, pasillo siempre había gente que iba para aprender a coser, ponerse al día, dejarse cosas, probar los vestidos, merendar… Y no se el porqué pero todas acabábamos en el cuartico del encanto, la habitación donde estaba la máquina de coser.
En la muestra de mi trabajo recrearé ese cuartico del encanto junto con algunos objetos que me han acompañado en este viaje y el resultado de esas tardes de costura.
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